Growing up between two countries: what many bicultural children feel (and don’t always know how to express)

Crecer entre dos países: lo que sienten muchos niños biculturales (y no siempre saben expresar)

Crecer entre dos países es una experiencia común para muchos niños biculturales, pero no siempre es fácil de explicar. Como muchas familias biculturales, yo también he vivido lo que significa migrar: empezar desde cero, aprender un nuevo idioma, integrarse a una sociedad distinta a la de nuestras raíces y, con el tiempo, construir un hogar lejos del país de origen. En ese proceso, aparece una sensación compartida: ya no eres completamente de allá, ni del todo de acá.

Hoy vivo esa realidad desde otro lugar: la crianza de un hijo bicultural. Verlo crecer con dos lenguas, dos culturas y dos maneras de ver el mundo me ha llevado a hacerme preguntas que muchas madres y padres migrantes se hacen:
¿cómo transmitir el idioma materno en un país donde predomina otra lengua?,
¿cómo fortalecer la identidad cultural sin generar presión?,
¿cómo ayudar a un niño a sentirse parte de ambos mundos sin obligarlo a elegir?

Cuando mi hijo Noah tenía cuatro años, me dijo que no quería hablar español porque le parecía aburrido. Esa frase, tan simple, encierra muchas emociones que los niños biculturales sienten y no siempre saben expresar: confusión, adaptación, necesidad de pertenecer. Aunque me dolió el corazón, entendí entonces que el bilingüismo infantil no se sostiene solo con amor o intención, sino con experiencias significativas, repetición y disfrute.

En el colegio y con sus amigos, su vida fluía en neerlandés. Lo peruano era más abstracto: estaba en la comida, en las historias familiares, en las videollamadas. Al poner palabras a lo que sentía y crear momentos donde pudiera vivir su otra cultura, cocinando juntos, compartiendo tradiciones, mostrando orgullo sobre lo peruano a nuestros amigos en Bélgica, su relación con el español cambió.

Hoy Noah se expresa en ambos idiomas con mayor seguridad. Su español ha mejorado, pero sobre todo ha crecido su autoestima y su sentido de pertenencia bicultural.

Si esto resuena contigo, es importante decirlo claramente: la maternidad y paternidad migrante no vienen con manual. La culpa y la presión son frecuentes. Pero criar niños bilingües y biculturales no es un reto, es una riqueza que se construye día a día.

Aprendizajes personales para acompañar la identidad bicultural infantil

No existen fórmulas universales. Cada familia y cada niño es distinto. Estos no son consejos absolutos, sino aprendizajes personales que, en nuestro caso, han funcionado:

  1. Convertir el idioma materno en el idioma emocional
    Usar el español para hablar de emociones, rutinas y afecto crea un vínculo emocional con la lengua. No solo con uno de los padres sino con toda la familia.
  2. Incorporar libros y juegos en el idioma de origen
    La lectura frecuente, especialmente con libros bilingües o culturales, normaliza el uso de ambas lenguas y refuerza vocabulario. No basta con tenerlos en la repisa: hay que usarlos con frecuencia. Leer juntos, jugar, repetir historias favoritas. Así el idioma deja de ser “aburrido” y se convierte en una fuente de diversión y conexión.
  3. Crear contextos sociales donde el idioma tenga sentido
    Compartir con otras familias biculturales ayuda a que los niños se sientan representados y acompañados. Busca actividades y eventos donde se celebre la cultura de tus raíces. 
  4. Buscar apoyo profesional cuando sea necesario
    La orientación especializada en bilingüismo infantil puede ofrecer herramientas prácticas y aliviar la carga emocional de las familias.En nuestro caso, las sesiones de juego en español de Diluu y la orientación especializada de Rebeca Imberg, nos están dando herramientas concretas. Pedir apoyo no es un fracaso, es una forma consciente de acompañar mejor.
  5. Mostrar orgullo por las propias raíces culturales
    Cuando los adultos viven su identidad con orgullo, los niños aprenden a hacer lo mismo. Si nos ven hablar nuestro idioma con cariño, cocinar platos de nuestro país o contar historias a su círculo social sin vergüenza, aprenden que su identidad también merece ser celebrada.

Muchos niños biculturales sienten más de lo que pueden explicar. Acompañarlos es ayudarles a poner palabras a ese sentir y recordarles que crecer entre dos países no significa estar divididos, sino tener una identidad más amplia y rica.

Ser bicultural es un superpoder. 

 

Autor: Andrea Ramos Cornejo

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